29 marzo, 2013

CURSI SIN TITULO I





Me mira. Quisiera poder leer su mente y saber que es lo que intenta decirme, pero ante esta imposibilidad, solo correspondo su mirada sin tener la menor idea de que hacer.

Se acerca. ¿Por qué se me tiene que acelerar el ritmo cardiaco? Me siento tonta  y eso me da rabia. No se detiene. Esta a un paso de mi pero no se detiene.

-¿Qué haces?

Las puntas de sus zapatos tocan las mías. Maldición.

-¿Qué haces?

No contesta, solo sigue acercándose. Eso parece imposible, considerando que la distancia que nos separa es de pocos centímetros, pero siento que está llegando más cerca a mi de lo que nunca ha intentado. Mucho más de lo nadie jamás ha conseguido. 

Las puntas de sus zapatos ya no tocan las mías, ahora los lados de ellos están junto a los míos. Cerca. Nunca me había puesto a pensar en el significado real, tangible, de esa palabra. Ahora, con su nariz tocando la mía, a ninguna distancia física entre nosotros, siento que sigue avanzando y se acerca todavía más. ¿Me estaré volviendo loca? Escucho, veo, siento el movimiento acompasado de su respiración. Su cuerpo esta tocando el mío, no hay más proximidad que está, pero de alguna otra manera el sigue acercándose más…

-¿Qué estás haciendo?
-Sintiéndote…

Entonces él llega a mí y me toca de un modo distinto al que ahora cualquier persona podría ver. Levanto los brazos y le rodeo la espalda. Me aferro a él con fuerza y separo mi rostro del suyo. Me acomodo en su pecho. Es maravilloso poder sentir los latidos de su corazón. Mis manos exploran su espalda por primera vez. Es amplia. Es fuerte. Mis mejillas enrojecen. ¿Qué dirá la gente al vernos así? No me importa. Entonces ocurre algo maravilloso. Él me toca también, por primera vez. El contacto de sus manos se siente suave y cálido. No me incomoda, no me intimida, no me avergüenza. Él sabe cómo tocarme. Y lo hace tan delicadamente que me invade un sentimiento placentero y dulce. Siempre tuve miedo de su contacto. Pensaba que la emoción que experimentaría sería para mi cuerpo y no para mi alma. En parte me equivoqué. Lo siento en mi piel, pero también en mi corazón. Sus manos me palpan libres de erotismo. También eso puedo sentirlo perfectamente. Y es lo más maravilloso de esta cercanía.

Estoy siendo agradablemente estrechada por sus brazos, pero de pronto él empieza a soltarme. Me observa todavía sin dejarme del todo. Su nariz vuelve a rozar la mía, pero ahora también sus labios me tocan. Sin querer presiono mis manos en su espalda, y el sonrie todavía con sus labios sobre los mios. Intento separarme de golpe, avergonzada por su reacción a mi reacción, pero él me sostiene y me vuelve a apresar con sus brazos. Y esta vez una de sus manos acaricia mi cabeza.

-Idiota…

Sé que todavía sonríe, pero no deja de apretarme.

-Te quiero.
-Si lo dijeras sin reirte, te creería.
-Te quiero.


Ahora le creo. Y ahora estamos cerca otra vez. Y nos alejaremos más.



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