29 junio, 2012

COMPARTIENDO VIDA: Capítulo 7






7.

Domingo.
En casa.





-¿Qué pasa?
-Nada.
-No me mientas.
-No te estoy mintiendo.

Mario intenta sostenerle la mirada a su esposa, pero no lo logra. Ella, no dándose por satisfecha con la respuesta, se sienta a su lado, le quita el control remoto de las manos y paga el televisor.

-Estoy viendo…
-No te gustan las películas románticas.
-Pero no hay nada más interesante...
-Lo ves. Algo te pasa. Hace más de media hora estas sentado frente al televisor y ni siquiera sabes lo que estas viendo. Esa no era una película si no videoclip.
-Película, videoclip es lo mismo…
-Por qué no solo lo dices. Algo te preocupa, lo sé.

Mario mantiene la mirada en el televisor incapaz de volverse y afrontar a su esposa. De pronto el teléfono suena.  Diana sigue sentada sin aparente intención de contestar, pero el llanto del Nicolás la obliga a levantarse.

-¿No piensan contestar ese teléfono?

La madre de Diana ya esta en la sala cuando termina de hablar. Fastidiada al ser interrumpida en plena siesta, levanta el auricular y gruñe:

-¿Aló?

Mario ha vuelto a encender el televisor. Aún continúa pensando en la conversación que tuvo con el dueño de la notaría el domingo pasado, pero esta vez intenta prestar algo más de atención a lo que sea que este dando en la tv. Lo más probable es que apenas termine de atender a Nicolás, Diana vuelva a preguntarle que le pasa. Ella no es tonta, peor aún, lo conoce muy bien. Aunque, a pesar de ello, no imagina siquiera lo que él está intentado hacer. Ni por un segundo a pasado por su mente, ni deberá pasar jamás, la posibilidad de que él ponga en venta algo más importante que el auto o los muebles con tal de conseguir dinero para saldar sus deudas. No imagina siquiera que la última semana fue terriblemente estresante por cuanto significó una de las esperas más angustiosas de su vida. El abogado aún no se pone en contacto con él, así que todavía no sabe a qué atenerse. Pero algo es seguro. Si el hombre está dispuesto a pagar por su riñón, él no va a dudar en vendérselo.  

-Mario, te llama un señorita.

Mario oye distante e ininteligible la voz de su suegra.

-Te llaman…
-¿Qué? ¿Quién?
-Una señorita. Dice que es la contadora que trabaja contigo, quiere saber no se  qué sobre unas facturas…

Mario demora un instante en acercarse a contestar la llamada. Él no trabaja con ninguna contadora. Todas las personas con las que trata son varones, exceptuando algunas secretarias.

-¿Aló?
-Buenas tardes, ¿Es usted el señor Mario Torreblanca Estrada?
-Sí… ¿Con quién…
-Soy yo Torreblanca, ¿Me reconoce?

Mario siente que un escalofrío le recorre la espalda. Por supuesto que reconoce la voz del abogado. Preso de un incontrolable nerviosismo se vuelve hacia su suegra, que acaba de ocupar su lugar en el sillón frente al televisor.

-Sí, dígame…
-Esta es la última verificación que necesitaba hacer. Comprobé que su DNI, lugar y fecha de nacimiento, así como su número celular, están debidamente registrados. Hice algunas indagaciones en cuanto a sus actividades financieras y también corroboré que lo que me contó sobre su situación económica, es cierto. También fui al hospital dónde nació su hijo… para cerciorarme del todo hablé con personas de su entorno y…
-¿Qué? ¿Con quiénes…
-No tiene por qué preocuparse. Nadie sospechó absolutamente nada…
-Es lo único que pedí así que espero lo haya cumplido.
-A cabalidad. Bien, ahora realmente puedo considerar su oferta, ¿Aún está interesado?
-¿Con quién hablas?

Mario se vuelve y descubre a sus espaldas a Diana, y acurrucado en sus brazos, a Nicolás.

-Es… la contadora…
-¿Qué contadora?
-Una que acaba de entrar a trabajar en la oficina… Necesita unas facturas que registré el viernes y no las encuentra…

Diana lo observa durante un momento sin decir palabra.

-¿No las perdiste, no?
- ¿Ah?
- Las facturas, ¿No las perdiste, no? Por que te ves algo nervioso.

Mario contiene la respiración por un instante. Luego cubre el auricular con las manos y murmura con cierta preocupación:

-Las boté a la basura. Las mezclé con otros papeles y las tiré. Parece que son importantes…
-mmm...Pero los números los registraste, ¿no? Quizá solo necesitan eso…
-Sí, ojala, veré que le digo…

Mario observa a Diana sentarse al lado de su madre y recién entonces reanuda la conversación telefónica.

-¿Aló? ¿Sigue ahí?
-Sí, sí,… mmm… si necesita los números de las facturas puede buscarlos en el libro de Ventas…
-¿Qué? ¿De qué está hablando?
-No, no sé dónde puedan estar, aunque quizá la secretaria tenga copias, sí, ella siempre saca copias a los recibos importantes…
-¿No puede hablar ahora?
-Exacto.
-Bueno, no lo incomodaré más. Espéreme mañana a las 6:30 pm en el restaurante de la última vez. Si no puede llegar o se le hace tarde llámeme al número que que va a registrar su celular ahora…

Diana se vuelve hacia el cuarto al oír sonar el móvil de Mario. Pero apenas timbra una vez.

-Hasta mañana en la tarde.
-Sí, claro, no se preocupe. Hasta mañana.

Mario cuelga el teléfono y se acerca a su esposa. Nicolás acaba de quedarse dormido en sus brazos. Mario lo observa un segundo y luego le da un beso en su pequeña y abultada mejilla.

-¿Está todo bien? – pregunta Diana, dirigiéndole un mirada suspicaz.
-Sí, la secretaria tiene copias de las facturas así que no hay problema.
-Debes ser más cuidadoso…
-Sí, lo seré.

Mario se sienta en el sillón más cercano a su esposa y por tercera vez en la tarde concentra su atención en la pantalla del televisor sin notar que Diana concentra su mirada y sus pensamientos en él.


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