8.
Martes.
En casa.
Diana termina de acostar
a Nicolás justo en el momento en que su madre regresa de visitar a su hermana.
-No te oí entrar,
¿Cómo está Sandra? – le susurra ya en la sala.
-Feliz de la vida.
Tiene todo lo que quiere.
-Que bueno por ella…
-¿Nicolás está dormido?
– pregunta la señora al tiempo que se acomoda en el sillón.
-Sí, pero me hizo
padecer. No sé por qué últimamente le cuesta trabajo quedarse dormido… -
Responde su hija yendo a la cocina a la lavar los biberones del bebé.
-¿Y su papá?
Diana sacude algunos
trastes con intención de causar la suficiente bulla para que su madre piense
que no la ha escuchado.
-¿Qué estás haciendo?
Vas a despertar al bebé…
-¿Ah?... se me cayeron
las ollas…
-¿Mario todavía no ha
llegado?
-No, ¿Viste el cepillo
para lavar los biberones?.... Lo dejé en
el cajón de los cubiertos...
-¿No le preguntaste
por qué está llegando tarde?
-Están haciendo una
auditoría… necesito ese cepillo, ¿no lo
viste?
Diana continúa dando
vueltas en la cocina cuando su madre entra y cogiendo el cepillo del cajón de
los cubiertos, se lo pone frente a los ojos.
-¿Una auditoría dura
casi un mes?
-Supongo que sí…
Diana coge el cepillo
y frota enérgicamente un biberón con el.
-¿Y esas llamadas
raras que contesta en la azotea?
-Mamá no comiences con
eso otra vez….
-¿En verdad no te
parece extraño?
-A veces la señal dentro
de la casa es pésima...
-¡Que casualidad!
Justo cuando llaman a tu marido no hay buena señal…
-Mamá, sé
perfectamente que ésta es tu casa y tienes el derecho de decir lo que te venga
en gana, pero no voy soportar que sigas hablando así. Ya tuvimos problemas por
eso una vez…
-¿Qué? ¿Me estás
echando la culpa de lo que te pasó?
-No, pero…
-¡Fue tu marido el que
hizo que casi malparieras!
-¡Mamá!
-¡Es el colmo!
El ruido de la puerta
al abrirse sobresalta a Diana. Cuidando muy bien de que no se repita la escena
precedente a su alumbramiento, coloca boca abajo los biberones que casi ha
gastado de tanto refregar, y se dirige
al encuentro de su marido.
-Hola – saluda él, recibiendo
su efusivo abrazo con bastante complacencia.
-¿Estás cansado? –
pregunta Diana, sin soltarlo y sintiendo de repente, que se ha quedado sin
piso.
-Un poco.
-¿Cenaste?
-No….
-Siéntate, ahora te
sirvo…
Su madre, que no tiene
intención alguna de saludar a Mario, continúa en la cocina y como si hablara
consigo misma, apenas la ve entrar, dice:
-Sandra vive como una
reina. No tiene que mover un dedo en su casa por que para eso están las
sirvientas…
Diana no percibe sus
palabras ni como un murmullo. Lo único
que ocupa sus pensamientos en ese instante es el hecho de que hace unos momentos,
y por primera vez en sus 6 años de casada, ha percibido en la ropa de su marido
el aroma de un perfume femenino.
Mario espera su cena, paciente.
Diana demora demasiado en servirle, pero eso no le molesta. Nada de lo que ella
haga podría molestarlo ahora, por que en este momento más que nunca se da
cuenta de cuánto la ama. Su suegra tenía razón, ella merece un vida mucho
mejor, una con todos los lujos a los que siempre estuvo acostumbrada. Y su hijo
no merece menos. Hizo lo correcto. Sí. No tiene por qué dudar. Cualquier hombre
en su situación hubiera hecho lo mismo.
Las últimas semanas han
sido extenuantes. El abogado lo llevó con el doctor que está atendiendo a su
hijo y este le ha practicado un sinfín de exámenes médicos con la finalidad de
asegurarse de que sus riñones se encuentran en perfecto estado de salud.
“La donación de órganos no es un juego” había dicho el doctor. “¿Ese tipo es estúpido? Claro que nada de esto
es un juego, ¡eso lo sé perfectamente!
Todo el periodo de
pruebas había pasado al fin, y ahora solo quedaba esperar los resultados.
Especialmente el de compatibilidad. Si el porcentaje no es el adecuado, todo
habra sido en vano. Para él y para el hijo del abogado. Solo queda esperar… y
rezar. Nunca fue religioso, ni le dio demasiada importancia a Dios, pero
últimamente creía que solo un ente mucho más sabio y poderoso que el hombre
podría brindarle la solución a sus problemas. Y eso mismo pensaba la esposa del
abogado. Justo acaba de conocerla, y por primera vez desde que trataba con su
marido, había visto a este hablar de la situación de su hijo al borde de las
lágrimas. Aunque quizá para ello haya contribuido la sensibilidad de la señora,
misma que la indujo a expresar su agradecimiento hacia él con un fuerte abrazo.
La pobre mujer creía que Mario era un bondadoso filántropo y no imaginaba que
su esposo iba a pagar por su riñón.
-Aquí tienes…
Diana coloca el plato
y un vaso de refresco sobre la mesa. Mario demora un par de segundos en notarlo
y cuando logra abstraerse del todo de sus pensamientos, hinca un trozo de carne con el tenedor y se lo lleva a la
boca.
Diana se sienta en una
silla a su lado y justo cuando va a dirigirle la palabra, suena el timbre de un
celular. Mario, con un ligero sobresalto, saca el móvil del bolsillo de su
camisa y contesta la llamada.
-¿Aló?...
-Acabo de hablar con
el médico. Ya tiene los resultados de compatibilidad…
Mario se pone de pie
casi de un salto y se dirige a la azotea sin siquiera volverse a mirar a su
esposa.
-¿Aló? ¿Me escucha?...
¿Aló?… ¿Sigue ahí?
-Sí, sí, voy subiendo
las escaleras hacia la azotea y no tengo buena recepción, ¿aló?
-Lo escuché, ¿ya llegó?
-Sí…
-¿Puede oírme bien
ahora?
-Sí, dijo algo sobre
los análisis…
-El médico me llamó
hace un momento para decirme que ya tiene los resultados
-¿Y? ¿Somos compatibles?
Mario corta la
comunicación maquinalmente. Por fin tiene una respuesta y es la que más temía. Siente
una terrible opresión en el pecho y camina hacia el borde de una pared como si
sobre sus hombros cargara el peso del mundo. Otra vez siente que no hay
alternativa.
-¿Qué debo hacer
ahora?
El cielo no le
contesta más que con el imperceptible resplandor de las estrellas. Es una noche
oscura. Muy oscura.
Diana, nerviosa y presa
de un extraño temor, baja las escaleras
tratando de hacer el menor ruido posible. Es la primera vez que espía a esposo…
Mario no lo sabe, pero ahora ella está segura de que él no le oculta una
infidelidad, sino algo más.
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Perdón por tardarme tanto en pasar por aquí, es que ando algo colgada con los estudios y se me complica para seguir todos los blogs al dia :T
ResponderEliminarEn cuanto a la entrada, me ha encantado. Me gusta muchísimo como escribes, y creo seriamente que tendrías que continuarla más seguido :)
Un fuerte abrazo!